El ocio y la recreación como termómetros sociales en las sociedades contemporáneas

Quienes estudiamos el ocio y la recreación sabemos bien de las potencialidades y oportunidades que ambos fenómenos ofrecen para el bienestar y el desarrollo humano. Aunque también sabemos que dichas potencialidades solo adoptan visos de realidad en determinadas circunstancias, no siempre afines al modelo de ocio que las sociedades contemporáneas desarrolladas se afanan en ofrecer como universal. Lo que sí resulta incuestionable es la capacidad del ocio y la recreación para comportarse como auténticos termómetros sociales; interesantes reflejos tanto de las transformaciones y tendencias que propician los avances tecnológicos y la propia innovación ciudadana como de los desajustes, fricciones y conflictos políticos, económicos y sociales que caracterizan el periodo en el que nos ha tocado vivir.

A nada que se despliegue una mirada crítica sobre la realidad comienzan a evidenciarse síntomas de injusticia, desigualdad e insolidaridad también en el ámbito del ocio y la recreación. En ocasiones, sendos fenómenos emergen como principales causas de dichas desigualdades; en otros casos, actúan como aliados de las mismas, favoreciendo su arraigo y penetración social; mientras que en otros, el ocio y recreación se alzan como lentes de aumento que evidencian la urgencia y alcance de tales problemas. Buenos ejemplos de esta capacidad del ocio y la recreación para visibilizar los problemas sociales son las situaciones de discriminación, exclusión o desigualdad que se dan en el marco del ocio y la recreación por cuestiones de género, etnia, situación económica, diversidad funcional, regímenes políticos o fanatismos religiosos. Situaciones que no son sino atalayas desde las que entender y atender los mecanismos de poder que subyacen a dichas desigualdades. De hecho, el ocio y la recreación se despliegan ante nosotros como ámbitos idóneos para el control, la manipulación y/o el mantenimiento del “status quo”. Territorios especialmente sensibles y codiciados, primero, por la permeabilidad que demuestran para movilizar grandes segmentos de población y, segundo, por su capacidad demostrada de instaurar modas y tendencias que van modelando comportamientos, formas de ser, entender y experimentar el ocio contemporáneo. Como investigadores e investigadoras tenemos no solo la oportunidad sino también la obligación de visibilizar los múltiples roles que el ocio y la recreación desempeñan en la actualidad, no solo como potencial factor de desarrollo humano sino también como espacio de denuncia, resistencia y reivindicación de los principios y valores que resultan irrenunciables para un mundo más humano.