Ocio y tecnología. El desafío aún pendiente de los Estudios de Ocio.

Los Estudios de Ocio ante el reto del ocio tecnológico.

La tecnología ya no es un mero instrumento al servicio del ocio; un ingrediente que añade valor a las prácticas de ocio existentes o que contribuye a configurar nuevas prácticas de ocio, inéditas e impensables hace unas décadas (carreras de drones, juegos de realidad aumentada tales como Pokemon Go…). Se constituye más bien en una compleja red de elementos integrados que se materializa en nuevos ecosistemas tecnológicos, conformados por agentes, entornos, prácticas y recursos, orientados a trastocar tanto el mercado del ocio como las experiencias que éste propicia. Ahora bien, la magnitud y el alcance de la revolución tecnológica de la que somos testigos no deben hacernos obviar el precario equilibrio de luces y sombras que congrega el binomio ocio-tecnología.

Ciertamente, los Estudios de Ocio no pueden conformarse con un análisis en el que prevalece una mirada centrada en las posibilidades que los avances tecnológicos brindan al fenómeno del ocio. Resulta tan urgente como necesario un enfoque crítico e incisivo, orientado a hacer explícitos los sutiles procesos que operan tras la atractiva pirotecnia del ocio tecnológico.

Y es que, como afirma Lupton (2016), hoy más que nunca las personas somos datos; sujetos conformados por el conjunto de datos digitales que nos representan. Resulta evidente que tales datos digitales son solo retratos parciales de nosotros mismos. Sin embargo, su trascendencia crece de manera exponencial hasta el punto de ser relevantes en procesos identitarios, mediante los cuales las personas se definen y comprenden a sí mismas y a los demás, se plantean sus oportunidades de vida así como sus preferencias y posibilidades de ocio. Esta alegoría de los datos a la que asistimos, -en palabras de Lupton (2016), este proceso de constante “datificación” que nos afecta-, se consolida también a través de la huella digital que emana de nuestras experiencias de ocio. Cada vez que publicamos un contenido en las redes sociales, compramos algo vía on line, jugamos al juego digital de moda, compartimos un video o geolocalizamos nuestra posición alimentamos la estela digital con la que se delinean nuestros perfiles y se nos hace partícipes de una lógica de mercado en la que las necesidades han sido creadas para no ser jamás totalmente satisfechas. En muchas ocasiones, este ejercicio se habilita mediante la aceptación voluntariamente de las condiciones requeridas para la participación en el medio tecnológico. Para la mayoría de la ciudadanía, este acto,-importante porque permite a las personas evitar cualquier atisbo de brecha digital-, es una cuestión menor; una acción casi mecánica, tan simple que, en el Estado de Bienestar que nos ampara, parece impensable que pueda conllevar contrapartida alguna.

Sin embargo, ¿en qué medida somos conscientes de cómo son generados y utilizados nuestros datos personales por parte de empresas o agencias comerciales? Aceptar de forma voluntaria las condiciones exigidas para la participación y el disfrute del ocio tecnológico no implica necesariamente el conocimiento ni tampoco el consentimiento consciente de los usos que se pretenden hacer de los datos personales obtenidos de cada individuo. La ingenua suposición de que no se hará un uso indebido de la información personal capturada debe ser reemplazada por una actitud más crítica e informada que solo es posible a través del conocimiento.

Existen ya en los Estudios de Ocio líneas de investigación que desde hace años exploran las oportunidades que entraña el ocio tecnológico, sus ámbitos de aplicación, su alcance y beneficios, sobre todo, para determinados colectivos de población (infancia, personas mayores, personas con diversidad funcional, etc.). Sin embargo, el ocio tecnológico es aún un terreno insuficientemente explorado por los Estudios de Ocio. Se trata, sin duda, de un desafío complejo, marcado por su vertiginoso ritmo de cambio pero, en el que ha de prevalecer una constante si lo que se pretende es conseguir que el ocio tecnológico contribuya al desarrollo positivo de personas y sociedades: el respeto a la libertad y a la dignidad humana. Hablamos, en definitiva, de garantizar de la dimensión ética del ocio tecnológico. Y sobre esto también tienen algo que decir los Estudios de Ocio. Tiempo al tiempo.

Referencias Lupton, D. (2016). Foreword: lively devices, lively data and lively leisure studies. Leisure Studies, 35, 6, 709-711.

María Jesús Monteagudo

Presidenta